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Vida y Cielo Mientras somos entes activos sobre la faz de La Tierra todos tenemos una vida que habita en nuestro cuerpo y un cielo que nos cubre desde la profundidad de la atmósfera. Hablando de una forma convencional se puede decir que ambas cosas nos las dio La Naturaleza. Ambos, la vida y el cielo se apagan para cada uno cuando dejamos de ser. “Mi Vida” y “Mi Cielo”, son dos términos que se usan metafóricamente para referirnos a un ser amado, tal vez porque cuando nos invade ese sentimiento por otra persona creemos que nos va a durar mientras nuestro corazón lata, mientras veamos ese cielo que nos arropa cada día. Paradójicamente, para muchos Mi Vida y Mi Cielo se terminan cuando aún tenemos que seguir sobre la faz de la Tierra. Mi Vida y Mi Cielo Mila y Eduardo se conocieron por motivos de trabajo; ella era recepcionista en una empresa y él era un cliente. Desde el primer día que hubo un intercambio de miradas y las subsiguientes sonrisas, sus vidas y sus cielos se enlazaro
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                                                              De Maracaibo a Santiago Viajar no fue una de las facetas de la vida de los hermanos Petit Villalobos, no mientras los trece vástagos de Audoeno Petit y Alicia de Jesús Villalobos fueron menores de edad. En la medida de que cada uno de los Petit Villalobos fue desplegando sus alas para anidarse en un nido propio donde cobijaría sus sueños de progreso y su familia propia, algunos de ellos le agregaron a sus vidas la magia de viajar fuera de su terruño. Algunos conocieron mucho de su país, estados cercanos y otros llegaron tan lejos como tocar la frontera de Brasil. Otros llegaron a viajar al exterior y llegaron tan lejos como Europa. Lejos o cerca saborearon las mieles de la aventura que representa viajar. Más, sin embargo, hubo algunos de estos trece, que lo más lejos que habían viajado había sido una distancia de 240 Km. para visitar el pueblo Isnotú en el estado Trujillo; como fue el caso de Zaida Elena; la cuarta de
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  Intoxicación Misteriosa Año 1953, aquella casa de la Urbanización Urdaneta era bonita, los niños la veían como un palacio; aunque era una casa pequeña, era la casa más grande y hermosa en la que hasta ese entonces habían vivido. Tenía cuatro ventanas de romanilla, dos en la sala y una en cada uno de sus dos cuartos; todas las ventanas daban al frente. La casa estaba en una vereda, justo al frente había un pequeño parque con toboganes y columpios. Audoeno y Alicia tenían siete hijos, siendo la menor Mirla quien había nacido a principios de ese año.                                                 Audoeno, José Darío y Zaida                            José Darío                                               Fotos tomadas en la casa de la Urbanización Urdaneta Don Abrahán hacía poco que se había mudado con ellos a raíz del fallecimiento de su amada esposa Doña Elena. Don Abrahán siempre consentía a sus nietos comprándoles un pote de “Toddy”, de sólo ver la lata de aquella riquísi
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    Juana de Ávila Escuché muchas veces a mis hermanos mayores decir ese nombre para referirse a la escuela en la que cursaron su educación primaria. También llegué a escuchar hablar de un sector de mi ciudad, Maracaibo, bajo este mismo nombre. He navegado en internet para documentarme con la historia y poder decir el nombre “Juana de Ávila” y sentir que sé a quién me refiero como persona. No he encontrado datos de algún personaje maracucho que llevara este nombre, pero sí sobre la existencia de un hato y de una batalla. El 24 de abril de 1822, durante la guerra de Independencia de Venezuela, tomó lugar un enfrentamiento militar entre las fuerzas realistas del capitán Juan Ballesteros y las patriotas del coronel José Rafael de Las Heras, acabando con la victoria de estas últimas. A esta batalla se le conoce como “Batalla Juana de Ávila”. Existe un libro, autor Atenógenes Olivares hijo,   que documenta sobre esta batalla, Imagen por cortesía de Juan C. Viloria P .            
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    Mohed, Abdulá y Mustafá Un pueblo llamado Wadi Rum en Jordania, una tribu llamada Zalabia y un hombre llamado Mohed. Mohed era uno de los muchos beduinos que pertenecía a esta tribu; su estilo de vida nómada lo llevaba a desplazarse por diferentes regiones del desierto para realizar sus labores de pastoreo y de caza. Como todo beduino, se alimentaba de pan, de productos lácteos y de los frutos que crecían en las plantas de los oasis que existían en la zona desértica en la que se desplazaba para vivir. Desde que era un niño había escuchado hablar a sus ancestros de un oasis muy hermoso que era irrigado por un maravilloso manantial de un agua pura y cristalina, y bajo cuyo subsuelo corrían enormes fuentes de agua subterránea. Este oasis era un lugar verdaderamente paradisíaco con innumerables palmeras datileras, olivares, algodonales, trigales y maizales; lo llamaban El Jardín de Mahoma. Decían que sólo Mahoma lo había visitado y por eso llevaba su nombre, que quedaba en un lugar mu