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Un conejito y un pastel de manzana Érase una vez un conejito llamado Víctor; Víctor vivía en un bosque hermoso llamado Springfield. Vivía allí con su mamá Sandy y su papá JD; tenía un hermano mayor llamado Bryce, que vivía en otro hermoso bosque llamado West Virginia. A Víctor le gustaban mucho las zanahorias; de hecho, le gustaban tanto que sólo quería comer zanahorias. Su mamá y su papá sabían que Víctor necesitaba comer todo tipo de vegetales para convertirse en un conejo sano y fuerte. Mamá y Papá siempre trataban de convencer a Víctor para que probara otros alimentos, pero él se negaba todo el tiempo. Víctor era un conejito muy testarudo. Acababan de regresar de un viaje a West Virginia, donde vivían la abuela Joan y el abuelo Curly. Habían pasado el día de Navidad con ellos; La abuela y el abuelo le habían regalado a Víctor el regalo de Navidad más maravilloso: un jeep azul. Víctor estaba muy feliz con su jeep nuevo y también porque su hermano Bryce y sus primos Audo y Nikki habí
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¡Dorotea, Tea, Tea! Este cuento es una continuación de mi cuento, “Camilo, Benito y Dorotea”, publicado en este blog el 10 de julio, 2022. Habían brillado muchos soles, ahora que todo se había convertido en un recuerdo parecía que había sido un tiempo muy largo; pero cuando lo vivió nunca sintió lo que tardaba en transcurrir porque la felicidad de vivirlo lo hizo casi mágico e intangible. La vida no fue la misma para Dorotea después que entendió que Camilo, Benito y ella compartían el amor cristalino y profundo de su amo, Don Víctor. Primero fue Benito quien se durmió en un sueño profundo del que no habría de despertar, luego fue Camilo.  Dorotea vio sufrir mucho a su amo en aquella oportunidad en la que ella había propiciado la ausencia de ellos dos, ahora esa ausencia sin regreso marcaba un dolor distinto en los ojos de aquel sublime señor. Ahora que estaba sola con él, como llegó a desearlo hacía mucho tiempo, sentía profundamente que ese amor que aquel noble corazón había sentido p
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Un Conejito y un Dragón  Escribí este cuento para mis niños en 1989, en ese entonces lo titulé “Una princesa y Un Dragón; luego en el año 2016 lo reescribí y edité para mi nieto Víctor Andrés: Se acercaba el cumpleaños de Mamá Sandy y el conejito Víctor quería regalarle algo muy especial. Sabía que a ella le encantaban las fresas, y había oído hablar de un huerto inmenso de fresas situado en un lugar llamado Cottontown, que no estaba demasiado lejos del bosque de Springfield. El día antes del cumpleaños de Mamá Sandy, Víctor decidió ir a buscar el huerto de fresas en Cottontown para recoger las fresas más jugosas y frescas y dárselas a su mamá como regalo de cumpleaños. Realmente no sabía dónde estaba Cottontown, había escuchado decir que estaba en algún lugar al norte de Springfield. No quería preguntarle a su Papá JD porque también quería sorprenderlo. Sabía que su papá tenía una brújula que usaba para encontrar lugares. Se las arregló para agarrar la brújula de su papá sin pregu
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          Olivia subida en una mata de mango en casa de su abuela materna en Puerto Rico. Diciembre 20 21 Mi Dulce e Inquieta Olivia Si a una leona le creciera su rizada melena morena-oscura muy larga, esa melena podría usarse fácilmente para describir el cabello de Olivia. Su cabello largo y grueso tiene los rizos más elegantes; los peinó la peluquera más perfecta: la Madre Naturaleza. He usado la palabra “morena” para describir el color de su cabello porque creo que éste es el color que mejor lo describe, pero honestamente creo que su cabello es un arcoíris de tonos de marrón oscuro, que se convierten en destellos rojizos cuando le dan los rayos del sol. Olivia tiene una piel bronceada clara, su piel es la combinación perfecta de todos los colores de piel de las razas caucásicas europeas y las razas de piel oscura que viajaron a América cuando esta tierra fue conquistada. Puedo prever que su cuerpo pequeño y esbelto se convertirá en el de una joven Barbie cuando crezca. Unas piernas