Un Ratón Albino

“Taly Pollo” era un punto de venta. Su nombre revelaba su exclusivo producto de venta pues en él se vendía solo carne de pollo.

Taly Pollo estaba ubicado en una barriada de Maracaibo que se conocía como “El Marite”; era un negocio pequeño que tenía un solo trabajador, mi hermano Jorge Enrique.

La historia que relato a continuación la he basado en una anécdota que mi hermano me contó, siempre me pareció muy ocurrente tanto por su naturaleza como porque refleja mucho el carisma de quien fue el tercero de mis hermanos.

 

Un Ratón Albino

Jorge hacía todas las tareas que demandaba aquel lugar de venta de pollos, desde el mismo momento que los camiones frigoríficos traían los cargamentos de pollos congelados a Taly Pollo, hasta que eran vendidos al público. Sus labores incluían desde la organización de la cava refrigeradora y su mantenimiento, hasta el mantenimiento del lugar en sí.

Jorge tenía que llegar a su trabajo por lo menos una hora antes de abrir las puertas del local al público, para poder hacer la labor de mantenimiento que fuese necesaria, así como surtir los mostradores con mercancía apropiadamente.

Un día rutinario de esos, cuando Jorge se disponía a sacar pollos de la cava se percató que un pollo estaba ruñido; ese pollo por supuesto era pollo perdido. Jorge tuvo que desecharlo y pensó que podía haber venido en ese estado al ser entregado. Pensó que debería inspeccionar exhaustivamente la mercancía al recibirla de manos de los transportistas, o por lo menos en el momento de acomodarla en los anaqueles de la cava.  Eso hizo; cuando acomodó la próxima carga de pollos todos estaban intactos. 

Al día siguiente cuando se dispuso a surtir sus mostradores, encontró un pollo mordisqueado, aquello lo alarmó pues estaba seguro de haber inspeccionado pollo por pollo; esos mordisquitos habían sido producidos después que él había cerrado la cava. Tenía que ser un animal que merodeaba en la cava por las noches; eso le resultaba muy extraño, pues no concebía la idea de que hubiese un animal que soportara las congelantes temperaturas de la cava por toda una noche, a menos que la cava tuviese perforaciones por las que el ladrón de carne de pollo se metiera y saliera a su antojo. 

Ese día, vació la cava por completo y la revisó minuciosamente para asegurarse de que no tenía agujeros.

Al día siguiente, Jorge consiguió evidencia de que algún osado infiltrado se había alimentado con carne de pollo.

No podía pensar otra cosa más que el ladroncillo era un ratón. No podía permitir que este intruso siguiera mordisqueando los pollos; siempre era un sólo pollo, esto lo llevaba a la conclusión de que el osado intruso, era un sólo ratón.

Analizando todo, pensaba que el astuto ratón se metía en la cava cuando él hacía su última entrada por la nochecita antes de irse a su casa, que pernoctaba en la cava por la noche para alimentarse y que abandonaba la cava cuando él la abría por la mañana. Claro que estas eran sus sospechas, la única evidencia que tenía en sus manos eran los pollos ligeramente mordisqueados que día a día encontraba.

Era preponderante tomar medidas que pusieran fin a aquella situación tan irregular que producía la pérdida de un pollo por día. Como primera medida, tenía que tratar de aprehender al culpable de los hechos: el ratón.

Jorge puso trampas con una porción de queso en lugares estratégicos, sobre todo dentro de la cava.

Cada día conseguía las trampas vacías con su pedacito de queso intacto; más siempre, conseguía muestras de que un muy astuto roedor seguía paladeando su gusto con carne avícola.

Un día, ya un poco cansado de sus infructuosas estrategias, cuando ya las horas de atención al público habían concluido, decidió dejar la cava abierta y esconderse en un punto que tuviera una amplia visión de su entrada. Entonces pudo ver a un ratón gordito de un color gris claro que hacía su entrada magistral en la cava. Desde el lugar donde se escondía pudo ver cómo el animalito no era tentado por el queso, por lo tanto, evadió caer prisionero; corrió diligentemente para trepar por los anaqueles quedando camuflajeado entre el inventario de pollos congelados.

Jorge quedó maravillado de la astucia de aquel animal; aún así, entendía que tenía que deshacerse de él.

Esa noche no pudo conciliar un sueño profundo, pensó mucho en el ratón. Le daba dolor pensar que tenía que vetarle la entrada a la cava; aquel ratoncito ya se había acostumbrado a comer solamente carne de pollo.

De tanto darle vueltas al asunto creyó haber llegado a una solución para las dos partes. Un pollo entero sería suficiente para alimentarlo por muchos días, así que al llegar al otro día trozó el pollo mordisqueado en porciones pequeñas y las guardó en un envase plástico.

Modificó una trampa de esas en la que un ratón entra pero que no puede salir; le hizo una puerta de salida que sólo se abriera por su mano. Esa noche al entrar en la cava, colocó una porción de carne de pollo dentro de la trampa y asumió que el inteligente ratón había entrado mientras él tuvo la cava abierta.

Al día siguiente cuando volvió a Taly Pollo, sintió mucho gusto de encontrar a su huésped en la trampa. Muy cuidadosamente para no asustarlo le abrió la puerta; el ratón huyó con toda premura.

Aquello se convirtió en una nueva rutina para mi hermano Jorge, quien día a día vio como aquel ratón no solamente se ponía muy gordo y grande, sino que también crecía un pelaje lanudo blanco; se había convertido en un ratón albino.

Jorge nunca entendió si era porque se alimentaba exclusivamente de carne de pollo o si era porque pasaba un tercio de su día en temperaturas congelantes en completa oscuridad, o si era un efecto de la combinación de ambas cosas.

Cualquiera que hubiese sido la causa, yo estoy convencida que aquella experiencia fue muy gratificante tanto para mi hermano Jorge, como para el ratón.

 

 

Comentarios

  1. Mi tío Jorge siempre de buen corazón.. aún así que el roedor estaba perjudicando la venta y a su vez el ingreso.. mi tío hermoso le siguió dando de comer al ratón y cuido de que no se perdieran más pollos para vender... Ingenioso mi tio...Dios lo tiene en su mejor lugar al lado de mis abuelos ❤️

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    1. Nuestro querido Yoyi siempre estuvo lleno de actos únicos de él. Que Dios lo guarde en su Bendita Magnificencia.

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  2. El comentario siguiente fue enviado por Zaida Petit vía WhatsApp:

    “Qué animalito tan astuto, yo creo que ese ratoncito era del Polo Norte, familia del oso polar, ¡ja, ja, ja, ja! Y qué audacia la de Jorge para solucionar el problema, tan bello que era mi hermano. Dios lo tenga en La Gloria.”

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  3. El comentario siguiente fue enviado por Joicy Petit vía WhatsApp:

    "Dios mío, acabo de leerlo y tuve un momento de regresión tenaz, me sentí en Taly Pollo; o sea, vi a Papi, vi el local, me vi jugando con los pollitos. ¡Qué nostalgia tan grande me acaba de dar!"

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  4. El comentario siguiente fue enviado vía WhatsApp por Emelina Petit:

    “Es muy especial para mí por ser de Jorge. Nuestro Yoyi querido.”

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  5. Hola y un fuerte abrazo. Cariños

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  6. Buen corazón tenía tu hermano y q animalito tan astuto.😄

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    1. Gracias por tu bonita apreciación y consecuencia. ¡Bendiciones!

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    2. Este relato me gustó bastante, me entretuvo mucho, porque no conocía esa historia.

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    3. El dibujo, está muy bien hecho. Felicitaciones!

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    4. El recuerdo de nuestro querido Jorge está lleno de ese ser tan especial que él fue. ¡Dios te bendiga!

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  7. A me encantan muchos los animales ya que mama Sara tenia un zoológico en casa, pero hoy en día con lo que he visto 2 personas muy queridas murieron de las heces de ratones ahora son mis enemigos. Pero el corazón que tuvo jorgito para no matarlo le lo aplaudo, porque le busco solución, ese pollo mordido por el lo alimentaria por mucho tiempo y así no tendría persas de todos los día un pollo que tenia que botar. Fue muy inteligente. Te quiero

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    1. Nuestro querido Jorge fue siempre muy peculiar. Dios lo tenga en Su Santísima Gloria. Un abrazo fuerte Yuly, Dios te bendiga.

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