Un Toque de Mayi-a

Éramos un grupo de muchachas adolescentes estudiantes de bachillerato. Acabábamos de cruzar el umbral de nuestro primer ciclo; con juvenil destreza y máxima gallardía vencimos triunfalmente a Las Tres Marías: Física, Química y Matemáticas. Eso nos había abierto el paso hacia nuestro ciclo diversificado y todas escogimos “Ciencias”.

Desde nuestro primer año, aquel legendario “1ero F”, habíamos formado un bloque muy sólido de amistad, de solidaridad y camaradería. Éramos compinches de nuestros secretos y travesuras juveniles; por sobre todas las cosas teníamos una mente sana cuyo principal objetivo era labrarnos un futuro de mujeres adultas profesionales; entendíamos que nuestro bachillerato era la antesala de una carrera universitaria y para ello estudiábamos con mucho ahínco.

Nos sentíamos con toda la valentía necesaria para guardarnos el mundo en nuestros bolsillos, no nos faltaba nada. Manejábamos con destreza las limitaciones económicas de nuestras familias; para asistir diariamente a nuestras clases recurríamos al medio de transporte que nuestra vida diaria nos ofrecía, bien fuese caminar bajo los inclementes rayos de nuestro sol marabino o montarnos en un autobús cuya parada nos quedaba muy retirada de nuestras casas y que siempre venía sobrecargado de pasajeros.

No siempre teníamos los libros que necesitábamos para documentarnos bien en cada materia, pero era allí donde radicaba el máximo valor de nuestro compañerismo pues bastaba que una sola de nosotras tuviera o consiguiera los libros prestados; nos reuníamos para estudiar, especialmente para nuestros exámenes; ese era el meollo principal de nuestro triunfo. Nos habíamos confabulado simbióticamente.

Teníamos la relación matemática perfecta, la fórmula química ideal y la ecuación física infalible; tres cosas aplicadas a una amistad, para nosotras sin igual, que habían venido arrojando resultados muy positivos y regocijantes.

Dos años más para culminar aquella antesala a nuestros estudios universitarios, sentíamos que no nos faltaba nada, que era cuestión de seguir nuestra marcha firme con pasos sincronizados de jóvenes camaradas que se conducían a ser Bachilleres de la República de Venezuela, futuras médicos, educadoras, economistas e ingenieros.

A aquel grupo singular de inquietud y juventud, portentos de futuro profesionalismo parecía no faltarle ningún integrante.

¿O acaso le faltaba “Un Toque de Magia”?

El primer día de aquel nuevo año escolar 1971-1972, cuando los integrantes de 4to C, mención Ciencias acudieron al salón de clases, comandado por el Profesor Rafael González; todos repararon en un personaje nuevo: una chica alta y delgada, de delicada tez bronceada, finas facciones y exquisito cabello negro.

No puedo documentar cómo se acercó y cuándo se acercó aquella joven a nuestro grupo, ni recuerdo el día en que comenzó a hacernos sentir que nuestro sólido grupo contaba con un miembro nuevo.

Lo verdaderamente cierto es que nuestro grupo no recibió “Un Toque de Magia”, sino “Un Toque de Mayi-a”.

La Mayi-a de la espontánea, cristalina y jovial amistad de aquella muchacha nos hacía sentir que había compartido con nosotras nuestras vidas de estudiantes, desde que caminamos nuestros primeros pasos en nuestro amado Liceo Coquivacoa.

El aura de su singular carisma envolvió a todo 4to C, pero especialmente a nuestro grupo de compinches. No he nombrado a ninguna de nosotras, pero no puedo dejar de nombrar a este último pasajero que abordó nuestro crucero de amistad y compañerismo, “María Eugenia Rodríguez Llach, a quien siempre llamamos “Mayi”.

Ella trajo matices nuevos a nuestro grupo, ahora estábamos repotenciadas con su increíble empuje. Dominaba la taquigrafía y la mecanografía. Mayi era tan maracucha como todas nosotras, pero había estudiado 1ero y 2do años de bachillerato en Calamar, un pueblo en el Departamento Bolívar de Colombia. Había cursado 3er año en el internado Colegio Gabriela Mistral en la ciudad de Barranquilla, del Departamento del Atlántico, Colombia. Su papá era mejicano y su mamá, la Sra. Santos Llach, era colombiana. En su casa siempre nos sentimos bien recibidas y colmadas de las amables atenciones de su mamá y de sus hermanos.

Aparte de su jovial personalidad, Mayi le dio diversidad cultural a nuestro grupo; ninguna de nosotras conocía más que nuestra cultura local maracucha.

Nuestro grupo creció en población y sabiduría gracias a “Un Toque de Mayi-a”.

La Dra. María Eugenia Rodríguez Llach de Rodríguez es una profesional de la Medicina con especialidad en Epidemiología; estoy segura de que su área de experticia también ha sido objeto de su “Toque de Mayi-a”.

¡Gracias, amiga de mi aura por haberte asimilado a nuestro grupo!


 

Comentarios

  1. Gracias mi hermosa amiga te cuento que llore de l alegría l leer tu relato jamas pensé que que recordaras tantos detalles de esa época . Gracias a uds por haberme recibido en el grupo de estudio y en tu familia . Bendiciones

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    1. Gracias a ti mi dulce amiga de mi aura por todo lo que tu amistad nos dio y nos sigue dando. Tú sabes lo profundo que calaste en ese grupo de jovencitas y en mi familia. Fuiste “la colombiana” consentida de la familia Petit Villalobos. ¡Que sigas cosechando éxitos y bendiciones! ¡Te quiero GRANDOTE!

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  2. El comentario siguiente fue enviado vía Facebook por María Laura González Arenas:

    “Hola Ingrid, bonito el relato sobre Mayi; te voy a recordar cómo entro al grupo mi amiga de la infancia Mayi; cuando pasamos a 4to año, a la única que cambiaron de sección o grupo fue a mí, me pasaron a la E y ella entró nueva al Coquivacoa y ocupó mi lugar en la sección. En uno de los breves recesos que nos daban, Magaly, Zulima y Alis estaban molestas porque me habían sacado de la sección en la que veníamos desde 1er año y habían metido a la sección a la colombiana; yo no la había visto y en un cambio de hora corrí a la puerta de la sección de ustedes y al pararme en la puerta mi mirada se dirigió a la colombiana, mi sorpresa es que era mi amiga de 1ero y 2do grado y Mayi salió corriendo a abrazarme ante los ojos sorprendidos de todas ustedes y así comenzó a integrarse Mayi al grupo de tus mujeres del aura.”

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  3. El comentario siguiente fue enviado vía Facebook por Marianela Fernández de González:

    “Maravilloso, mi bella Ingrid. Nos recuerdas anécdotas de lo bonita que fue nuestra estadía en nuestro Coquivacoa. Dios te bendiga.”

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  4. El comentario siguiente fue enviado vía WhatsApp por Zaida Petit:

    “Muy bonito relato, como todos. Un bonito grupo que formaron ustedes en el liceo. Recuerdo a algunas de tus amigas, pero a Mayi, la recuerdo muy bien. Recuerdo cuando se reunían en nuestra casa para estudiar o realizar algún trabajo. Todas siguen con la amistad, eso es mu bonito, mantener una amistad duradera, aunque sea a distancia.”

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  5. El comentario siguiente fue enviado vía Facebook por Migdalis León:

    “Qué bonitos recuerdos, me hizo recordar a mis amigos más queridos y cercanos de mi liceo Coquivacoa y a todo el grupo en general, fue un honor pertenecer a él.”

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  6. El comentario siguiente fue enviado vía Facebook por Migdalis León:

    “Gracias Ingrid por siempre traer a nuestra memoria lo hermoso de la vida que vivimos, gracias a Dios por todos esos regalos.”

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  7. El comentario siguiente fue enviado vía Facebook por Guillermo Acosta:

    “De todas que eran monjas, la única que usaba minifalda era Mayi, jajaja.”

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  8. El comentario siguiente fue enviado vía Facebook por Alicia Uribe:

    “Mi amiga del colegio y del liceo, María Eugenia Rodríguez Llach.”

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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